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El Tanatólogo como cuidador y científico se expone a lo sagrado

Updated: Jul 17, 2019


Imagen : Detalle de “Metamorfosis”, obra original en pastel de Shirley M. Silva Cabrera, 2006


El Cuidador y lo Sagrado

El término “sagrado” acoge una serie de valores que son esenciales para una civilización, grupo o individuo. Es una condición u objeto contemplado con veneración y respeto por su particular naturaleza, que permite una elevación de conciencia y una experiencia descrita como divina cuando nos abrirnos a ésta sin temor o reservas, pudiendo recibir a cambio una Gracia por actitud y postura correctas. Lo Sagrado es conexión con el Absoluto, con lo que nos une al Universo como un Todo, disminuyendo considerablemente el sentimiento de separabilidad que mortifica la existencia del buscador espiritual o del ser humano insatisfecho por el “no se qué, y qué se yo “de su existencia insípida. Lo Sagrado nos lleva al Bien y cimenta en nosotros un significado imperecedero si hacemos de él una condición y práctica diarias de nuestra vida, una disciplina a ejercitar en todos nuestros ámbitos: físico, mental, emocional, espiritual, cultural y social.

Lo Sagrado se halla inherente en toda la Creación y condición humana. El hombre y sólo el hombre es quien empobrece esta apreciación cuando disminuye su campo visual a una mera función física ocular, estrechada por factores materiales, competencias humanas y el temor. Los destellos de lo Sagrado asoman a diario en nuestras vidas: Los primeros rayos de la luz al amanecer, las miradas de amor y amistad, el servicio bien impartido, las ganancias, las pérdidas y la muerte…

Quisiera compartir con ustedes una de las maneras más especiales por la que podemos descubrir lo Sagrado en la vida cotidiana: El Cuidado al Paciente Moribundo o Terminal.

Podemos realizar que la sacralidad es manifiesta cuando acompañamos de manera consciente y compasiva a otros. Quizás cuando menos lo esperemos, un sentimiento de temor y emoción reverencial nos inunde: oleadas de gratitud o de una clase de amor y afecto jamás experimentada por todo o por nada, un inmenso sentimiento de paz, una madurez mental y emocional que nos torna en seres más reflexivos, condescendientes y sabios, conocedores de un plano y dinámicas energéticas y espirituales que se nos revelan al nosotros ejercer como agentes de cuidado del enfermo y al aproximarse la muerte. Por todo esto y más, seamos agradecidos.

Sugiero que no temamos a este proceso que muy bien nos ha de recordar también nuestra propia mortalidad y finitud, la fugacidad y transitoriedad de la vida. Démosle la bienvenida mientras se desenvuelve lo Sagrado al cuidar al enfermo o al moribundo. Es otra manera de disminuir el concepto de la muerte como “fenómeno” o como forastero de la existencia y hacerlo partícipe de la realidad dual de su jornada. Si tememos o huimos de otorgar cuidado al enfermo terminal o moribundo, nos perdemos de muchas gracias, dones y destrezas. Sugiero que reflexionemos sobre nuestros propios temores de morir y sobre cuánto conocemos de nosotros mismos, si conocemos quienes somos y cuáles son las fuentes de nuestra seguridad personal que nos ofrecen “raíz” y dirección. Quizás este desconocimiento es el que nos aleja de nuestros pacientes y no su condición de proximidad de muerte como tal.

James E. Miller y Susan C. Cutshall, citan en su libro: “The Art of Being a Healing Presence” a Alfred, Lord Tennyson: “Permanece cerca de mí, cuando mi luz está baja.” y esto es lo que esperan nuestros enfermos y moribundos. Es muy fácil y agradable acompañar en la abundancia, en la salud y la prosperidad, en la alegría y en la luz. Mas os aseguro que una Gracia mayor y una revelación de lo Sagrado se manifestará con mayor poder en el acompañamiento, siendo testigos de una jornada hacia la muerte, sirviendo como farolitos que iluminan una partida. Os aseguro que esta experiencia sagrada nos convertirá en espejos que reflejarán enseñanzas maravillosas de la vela que se apaga, del alma, energía, luz, esencia, que trasciende nuevamente al Todo, independientemente de lo que sea.

Mientras experimentamos la sacralidad en el cuidado del enfermo o moribundo, inevitablemente cambiamos, de alguna manera también morimos, mas la buena nueva es que debe ser para bien, para crecer, para ser mejores, para trascender a una nueva perspectiva del potencial humano, para retornar a su conciencia de luz y evolucionar en mente y espíritu. Debe ser para bien, porque a fin de cuentas, nosotros somos quienes otorgamos el permiso para toda transformación en nuestra vidas a no ser por un mandato divino imperativo y determinante a favor de la humanidad, sin entrar en la discusión de la naturaleza de esta mecánica ni de su posibilidad.

El abrirnos al ejercicio de la observación y percepción de lo sagrado en el cuidado del enfermo o moribundo no nos exime de la experimentación de los sentimientos y reacciones normales ante las pérdidas. No tenemos que elevarnos sobre ellos. No tenemos por qué actuar sin permitirnos ser emocionales. Lo Sagrado se revela mediante la valoración de todo lo que somos incluyendo la conciencia y experimentación genuinas de lo que sentimos. Todos los sentimientos son válidos.

Lo que nos llevará a la sacralidad de la vivencia con el enfermo y el moribundo, no es la ausencia de la tristeza o del coraje, si no la seguridad de que si la tristeza o el coraje están presentes, esto es normal y pasará con nuestra mejor actitud y disposición hacia el proceso de duelo, hacia el desenvolvimiento natural y genuino de la experiencia y nuestra persistencia para ser Presencias Sanadoras, aportando, a pesar de nuestro dolor o falta de comprensión de : ¿Por qué a él o a mí?, las siguientes posturas : Presencia, Permiso, Paciencia, Predictibilidad y Persistencia.

En El Tanatólogo como Presencia Sanadora comparto con ustedes las condiciones que caracterizan cada uno de estos principios.


Cordialmente,

Shirley Marie

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