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El Tanatólogo como Presencia Sanadora

Imagen: Detalle de Resiliencia, obra en pastel de Shirley M. Silva, 2008

En nuestra sección “El Cuidador y lo Sagrado”, contemplamos la dinámica especial que se desarrolla cuando somos partícipes del cuidado de un paciente con una condición terminal o enfrentando muerte activa. Uno de los posibles resultados de esta dinámica es el desarrollo y fortalecimiento de lo que conocemos como “Presencia Sanadora”. Esta es una reflexión inspirada en el extenso trabajo de Therese Rando y basada en elementos de mi cuadrante espiritual.

El término “Presencia” conlleva conciencia, existencia en el tiempo presente, inversión de energía que arropa a la persona, lugar, objeto, circunstancia o evento de nuestro interés. Al añadirle la cualidad sanadora implicamos que en dicha presencia habita una intención o capacidad de proyectar y otorgar amor a su prójimo. ¿Cómo? ofreciéndole alivio, bienestar, estabilidad, progreso, mejoría, curación o sanación. Una Presencia Sanadora puede también lograr grandes cambios a su medio ambiente.

Esta Presencia no tiene que curar (erradicar enfermedad), puede en vez sanar (lograr que un paciente experimente armonía entre su mente y corazón) y trabajar por un grado de bienestar no experimentado por el paciente o familiares del mismo desde el diagnóstico o la aparición de síntomas.

Una “Presencia Sanadora” se nutre de las siguientes posturas: Presencia, Permiso, Paciencia, Predictibilidad y Persistencia. Sin ellas la mística con el paciente terminal o moribundo se puede ver afectada ya que su fe muchas veces se centra en la inclusión de nuestro ser en sus vidas de una manera especial, quizás hasta más significativa que la que puedan experimentar con su propia familia o allegados. El desarrollo o fortalecimiento de estas posturas dependerá de nuestro grado de compromiso con el campo de la muerte, el duelo, las pérdidas y con nosotros mismos como seres en búsqueda de la realización personal. A mejor conocimiento propio, mejor potencial de expresarnos como Presencias Sanadoras. Todos podemos llegar a serlo. La humanidad y el Planeta nos necesitan.

La presencia es la condición o postura de acompañamiento de manera consciente, compasiva, armoniosa y alegre. Es una proyección de las mejores cualidades de nuestra esencia y del sentido saludable de identidad propia .Es la ofrenda del servicio genuino que es capaz de otorgar seguridad y confianza al paciente, familiares o allegados del mismo y al equipo de salud o de trabajo. Una Presencia Sanadora inicia su día dando Gracias al Poder Superior, bendice cada día y cada noche y es receptivo a todas las oportunidades que le pueda brindar el Universo en su marcha sorprendente. La presencia incluye honestidad y buena voluntad. Requiere humildad, buena autoestima y apertura para el crecimiento a través de la experiencia compartida con el paciente o familiares. El temor a la muerte y a la vida y su significado, es tema de trabajo continuo para quien desee proyectar “presencia”. Presencia es: Sé quien soy ¿Qué valores tengo para ofrecerle a mi prójimo y cuán abierto estoy para ello? ¿Cómo transmito esos valores y fortalezas? ¿Cómo me he preparado profesional, ética y espiritualmente para cuidar responsablemente al necesitado?

El permiso es la actitud de benevolencia hacia el prójimo bajo nuestro cuidado para que pueda expresar sus emociones tal y como las siente .Permite la expresión verbal y el lenguaje corporal que la situación amerite pero tomándose las debidas precauciones éticas y de seguridad bajo la responsabilidad de la Presencia Sanadora. El permiso cultiva el contacto con el ser interno, la confianza en el ser, el sentimiento de aceptación y de comprensión, los derechos de la libre expresión y de ser escuchado. Una muerte apropiada y un duelo normal tienen muchas más posibilidades de desarrollo si esta postura del permiso se ofrece. Como Presencias Sanadoras debemos prestar atención especial a los equipos de salud y seguridad, las poblaciones de los envejecientes, los niños, los adolescentes, los pacientes con retardación mental o condiciones que atacan el sentido de identidad, pacientes depresivos o con historial de familiares o intentos suicidas, la población homosexual, los divorciados, las personas con matrimonios previos o relaciones extramaritales . La razón para ello es que la sociedad muchas veces no reconoce que estas poblaciones puedan y/o tengan derecho de expresar reacciones de duelo ya sea porque: se supone que muestren control emocional, están muy ancianos o porque no tienen suficiente edad o condición mental apropiada para reconocer una pérdida y sentir dolor. Por otro lado, la sociedad muchas veces no reconoce el que poblaciones no aprobadas como éticas, morales o que estén señaladas con algún estigma, tengan el derecho de expresar su duelo abiertamente .


No debemos olvidar los pacientes en etapa terminal por condiciones adquiridas por promiscuidad ni aquellos con condiciones crónicas con un pronóstico de vida promedio quienes día a día van observando pérdidas en los diversos aspectos de su ser y relación con el mundo, las cuales muchas veces son imperceptibles o pequeñas para la persona saludable pero sumamente significativas para estos pacientes . El permiso abre el camino para la transformación a través de la enfermedad, la muerte y el duelo. El permiso ejercita la observación y la percepción de lo sagrado : A pesar de ser inherente en nuestra esencia y diario vivir, muchas veces no es hasta que acontece la enfermedad, la muerte, el duelo o alguna circunstancia crítica en nuestras vidas que comenzamos a tomarlo en cuenta y a relacionarnos con él.

La paciencia es el reflejo de las enseñanzas aprendidas en torno a la sacralidad de la vida y la muerte. Es una virtud del cuidador y uno de los mayores beneficios que le podemos obsequiar a nuestros pacientes, familiares y compañeros de trabajo enfrentando pérdidas .El flujo de las reacciones ante una crisis, enfermedad, muerte o duelo es muy variado y no siempre ascendente o lineal por lo que no nos lleva todas las veces a una pronta resolución de las emociones consideradas como negativas o pesimistas .Tampoco es de esperarse un rápido desprendimiento de los afectos y apegos hacia la materia ni relación con el difunto o el objeto perdido .La paciencia es ejercicio para todos nuestros cuadrantes como seres humanos y nos ayuda a no personalizar las reacciones desagradables del prójimo en contra de su proceso de crisis . A nivel físico requiere buena ventilación, buena postura, relajación, descanso, higiene, nutrición y buena apariencia. A nivel mental requiere conocimiento propio, de la filosofía de vida propia y del paciente, conocimiento de la situación y de la respuesta que el paciente o familiar está ofreciendo al evento, información de la condición de enfermedad o crisis, buen entendimiento con el paciente y buen humor. A nivel emocional requiere que seamos genuinos en nuestros afectos y leales a nuestros sentimientos buscando ayuda para manejar nuestras reacciones emocionales, de ser necesario. A nivel espiritual requiere que tengamos claridad sobre nuestras convicciones religiosas y que no intentemos forzar una conversión cuando la misma no es indicada ni procedente. La atención a un paciente moribundo debe concentrarse en la espiritualidad, no en la religión, si identificamos que esta valiosa herramienta puede ser más factor de separación que de comunión. También requiere de la práctica de ejercicios que nutran y fortalezcan nuestro espíritu y la capacidad de una escucha atenta a pesar de diferencias religiosas. A nivel social requiere que contemos con una buena red de apoyo y de pares con quienes podamos conversar y compartir nuestras inquietudes y obtener herramientas adicionales de ayuda o de crecimiento personal.

Todos estos elementos contribuye a que podamos tener mayor paciencia como Presencias Sanadoras. La predictibilidad es la cualidad que se nos adjudica cuando le mostramos al paciente, individuo o grupo bajo nuestro cuidado que nos pueden contactar dónde y cuándo le indicamos y que pueden esperar nuestra llegada o atención en el lugar y hora que acordamos. Es una manera de dejarles saber que son honrados y tomados en cuenta y de que son importantes para nosotros. Es la forma de incluirnos dentro de su círculo de seres significativos y útiles para el proceso de vida que estén enfrentando. La predictibilidad también guarda relación con el continuo interés por la persona y el buen ánimo consistente para ofrecer el servicio.


La perseverancia tiene un fuerte lazo con la paciencia. Al ser perseverantes también somos faroles iluminando el sendero de todo aquel que dependa de nosotros aunque por momentos se distraiga con la oscuridad o las sombras. La perseverancia le permite al paciente saber que tenemos esperanza en su proceso de resolución o de sanación y que es aceptado con todas sus reacciones emocionales: si está enojado, deprimido, evadiendo, ignorando…También le ofrecemos la seguridad de que será apoyado no importa los avances o retrocesos que enfrente en su camino. Siempre debemos aspirar a hallar herramientas que le otorguen alivio, soluciones, esperanza de sanación, de relaciones, de significado y trascendencia. Si experimentamos algún rechazo (a veces pruebas que el mismo paciente impone por su necesidad de saber con quién cuenta realmente), seamos perseverantes, permanezcamos cerca si no podemos estar al lado, demos un tiempo: Enfrentarnos a la muerte, a una pérdida, a una enfermedad nos sumerge en un caos antes de ver la luz a través de las tinieblas…


Seamos Presencias Sanadoras,


Shirley Marie

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